Noosha Aubel y Potsdam: Se ha perdido la confianza inicial
Noosha Aubel: un déficit presupuestario de 33,4 millones de euros en Potsdam, capital del estado federado; unos 500 000 euros en asesoramiento externo; planes de ahorro revisados a costa de los niños; y un caso vergonzoso relacionado con un niño pequeño con discapacidad grave que ha desatado un escándalo en las guarderías: Noosha Aubel ha heredado en parte estas crisis, pero la falta de liderazgo ya es responsabilidad suya.
Un 72,9 % de los votos no es un certificado de aptitud para el liderazgo, sino simplemente un crédito. Noosha Aubel (50) lo obtuvo en octubre de 2025 en una cuantía excepcional… y lo ha puesto en peligro en un tiempo sorprendentemente corto. La esperanza de un nuevo comienzo ha dado paso a una amarga desilusión que, hace tiempo, ya no proviene únicamente de los adversarios políticos. Ya tras 100 días, los observadores echaban en falta por completo un hilo conductor; en junio de 2026, los círculos mediáticos informaban abiertamente de seguidores desconcertados, iniciativas en solitario y falta de mayorías.
El criterio es sencillo: ¿funciona mejor Potsdam? ¿Se ordenan las finanzas, se preparan las decisiones y se protege a los más vulnerables? Hasta ahora, la respuesta es: no. Potsdam quería un nuevo comienzo. Y se encontró con una alcaldesa que confunde con demasiada frecuencia el lenguaje de la gestión con el liderazgo y que no consigue controlar los problemas de la capital del estado.
A esto se suma un vergonzoso escándalo en torno a un niño pequeño con múltiples discapacidades graves, del que Aubel es responsable en materia de personal y que plantea cuestiones sobre la moral y la decencia. Resulta especialmente vergonzoso que el jefe de la oficina de prensa del Ayuntamiento de Potsdam, Jan Brunzlow, no responda a las preguntas de los medios, a pesar de que se ha demostrado que se contactó personalmente con Noosha Aubel. En lugar de responder a las preguntas planteadas de forma transparente y comprensible, según la documentación disponible, Brunzlow insiste en mantener una «conversación personal» y, con ello, parece intentar trasladar la comunicación a un marco no público e informal. Si este proceder infringiera efectivamente las obligaciones de información previstas en la legislación vigente en materia de prensa, se plantea una cuestión fundamental: ¿es Noosha Aubel apta para el cargo de alcaldesa de Potsdam, la capital del estado federado?