El desconcierto marca el regreso a casa de evacuados por el incendio en Francia
De regreso a Biscarrosse, en el suroeste de Francia, Michael Elicegui disfruta de un café con amigos en una terraza, pero el persistente "olor a quemado" les impide olvidar que un incendio forestal les obligó a abandonar sus casas días atrás.
Hasta 30.000 personas fueron evacuadas de esta localidad turística en temporada alta de verano por un incendio, ahora controlado, que arrasó 3.700 hectáreas de pinar y destruyó casi 200 edificios. Los habitantes empezaron a regresar.
Volver a tomar un café con amigos "sienta bien, pero no olvidamos (...) Todavía hay ese olor a quemado, a barbacoa flotando en el aire", asegura Elicegui, vecino del pueblo, sentado en una mesa donde reposan cinco vasos de cartón.
Aunque una espesa nube de humo gris persiste en el cielo de esta localidad costera, "la gente vuelve un poco a la vida", resume Célina Serveau, "contenta" de regresar a su panadería donde ya se empilan las 'baguettes'.
Después de "tres días dignos de escenas de guerra", "todo el mundo está contento de reabrir", agrega la mujer. Las autoridades permitieron el regreso de los evacuados por fases desde el fin de semana.
Al borde de la carretera por donde siguen circulando numerosos bomberos, una sábana blanca con la palabra "Merci" (Gracias) ondea en el muro de una casa.
- "Incertidumbre total" -
Pero la incertidumbre, como el olor a humo, sigue flotando. Los bomberos todavía no extinguieron el incendio y el aumento previsto de las temperaturas, acompañado de viento seco, hace temer a las autoridades un deterioro de la situación.
"No hemos terminado con esto", desconfía Elicegui, que tiene "la impresión de que el fuego ha jugado al ajedrez", quemando algunas casas mientras que otras, aunque cercanas, quedaron intactas.
En un vivero, con la estructura dañada, unas palmeras intactas conviven con olivos calcinados y brasas aún humeantes. En el aparcamiento, su encargado recibe a un equipo de peritos de seguros, con gesto cansado y silencioso.
"Es duro admitirlo: Estamos contra la pared, pero hay que levantarse", asegura François Maubourguet, el dueño de una ferretería vecina en esta zona comercial donde los hangares se han deformado y los autos quedaron carbonizados.
A 15 kilómetros del centro, el mercado de la playa de Biscarrosse, que en verano suele estar abarrotado de gente, está casi vacío. La viticultora Géraldine Lefebvre-Lopez está sumida en la "incertidumbre total" ante la falta de turistas.
"Lo que hemos perdido, nunca lo recuperaremos", confía a AFP la hostelera Marion Bidondo en la colorida sala de su establecimiento, donde sólo hay sentado un grupo de clientes. Pero no pierde la "esperanza".
"Aquí todo el mundo ha sido solidario", explica esta mujer que preparó mejillones con papas fritas para los damnificados la primera noche de los incendios y ahora espera que el Estado ayude a las empresas "cuando la situación se calme".
R.Brown--CT